22.11.06

La mariposita azul

Carta al director en EL PAÍS

Raúl Martín S - Girón, Valladolid - 22/11/2006

Contaba Eduardo Galeano, en su libro Patas Arriba, cómo una petrolera norteamericana, al tiempo que contaminaba con su actividad las aguas, las tierras y el aire del delta del río Níger y envenenaban a sus habitantes, gastaba ingentes cantidades de dólares en campañas publicitarias mediante las que se exaltaba su lucha por la defensa del medio ambiente. Su gesta era defender una mariposa azul en peligro de extinción, a lo que destinaba la ridícula cantidad de 5.000 dólares anuales. Cuenta Galeano, que cada minuto empleado en publicitar tan loable acción suponía a la empresa 80 veces esa cantidad.

Leo en su periódico (EL PAÍS, 17-11-06) que la papelera de la empresa Sniace de Torrelavega (Cantabria) "contamina más que una ciudad de 500.000 habitantes que vertiera al río sus aguas fecales sin depurar". Entre otras cosas se señala que vierte cada segundo 1.000 litros de residuos y metales pesados, sin ningún tipo de tratamiento, superando con creces los límites permitidos. Ahora se cruzan ministerios que retiran autorizaciones, sentencias de tribunales que confirman la suspensión de la actividad, ayuntamientos y gobiernos autónomos que nos piden acordarnos de los 650 trabajadores, amenazas de recalificaciones de suelos, empresa que sigue contaminado impune... lo de siempre en el circo medioambiental.

Pero en este caso, también tenemos una mariposita azul. Sniace forma parte de Aspapel, asociación española de papeleras, quien promueve un programa de "educación ambiental forestal" llamado Edufores, dirigido a la población escolar. Este programa, auspiciado por los Ministerios de Medio Ambiente y Educación y adoptado por parte de diversos gobiernos autónomos, pretende a través de unos recursos y materiales claramente antieducativos concienciar sobre los valores ambientales y socioeconómicos de nuestros bosques, promoviendo el respeto y defensa del medio ambiente.

Que petroleras o asociaciones formadas por empresas que incumplen sistemáticamente la legislación medioambiental y que atentan impunemente contra la salud de las personas, promuevan cínicamente supuestos programas educativos con objetivo de sensibilizar ambientalmente a nuestros inocentes escolares es un acto de desfachatez. Que administraciones públicas competentes en la defensa de nuestros valores ambientales y en la educación de nuestros hijos apoyen y financien millonariamente estas actuaciones es un acto de irresponsabilidad, inmoralidad y un engaño absolutamente intolerable.